Fraude: motivación, poder y racionalización

Fraude: motivación, poder y racionalización

Enron

Esta semana se publicaba en la revista de la Association of Certified Fraud Examiners la primera entrevista que Andrew Fastow concedía después de cumplir la condena a seis años en prisión a la que fue sentenciado y tras haberse mantenido en un discreto segundo plano desde su liberación.

Fastow, antiguo director financiero de ENRON Corporation, aceptó declararse culpable de los cargos de fraude, conspiración y lavado de dinero así como colaborar con la Justicia norteamericana en las acusaciones de varios casos civiles y criminales contra los antiguos máximos responsables del que fue séptimo grupo empresarial de mayor valor en los Estados Unidos a mediados de 2001 según la revista Fortune, Kenneth Lay Jeffrey Skilling.

En el artículo, titulado “Numbers manipulator describes Enron´s descent”, Fastow reflexiona sobre como la -tóxica- cultura empresarial de ENRON conseguía que los directivos racionalizaran y justificaran la búsqueda de lagunas en la regulación financiera para manipular los estados contables. Incluso ahora asegura que su percepción de entonces era la de una extraña dicotomía, por un lado no pensaba que lo que hacía fuese un fraude, pero también sabía que era un comportamiento intencionadamente engañoso, sin dejar de justificarse entonces diciéndose que “así es como el juego se jugaba”.

Todas las operaciones eran técnicamente aprobadas por los abogados, contables y auditores, así que si buscamos el fraude como un incumplimiento de las reglas este no existía. El problema con ENRON era que el fraude, el engaño, existía aun sin romper las reglas o al menos no quebrándolas de una manera evidente.

Aunque las prácticas contables “creativas” fueron varias pongamos como ejemplo  las denominadas SPE´s “Special Purpose Entities” (entidades de propósito especial en nuestra normativa), las cuales fueron utilizadas como vehículos para mantener el endeudamiento fuera del balance de ENRON a la vez que le permitían deshacerse de activos sobrevalorados, generar ingresos y flujos de caja a conveniencia y, como consecuencia, mantener la cotización de las acciones de ENRON al alza durante una década.

El camino que lleva al infierno está pavimentado de buenas intenciones

Tal y como Fastow explica en el artículo, en el inicio de la utilización de estas SEP´s existía un claro beneficio para la compañía y, por lo tanto, para sus accionistas.  Existía una racionalidad económica: por un lado a través de ellas se conseguía acceder al mercado de capitales en mejor posición puesto que eran creadas sólo con activos y sin deuda y por lo tanto con una mejor calificación crediticia. Por otro lado, con dicha financiación ENRON podía acometer los proyectos de inversión de los productores de gas e hidrocarburos a cambio de obtener dichos recursos una vez se iniciase la explotación de los proyectos de inversión, o al menos ese era el plan.

No obstante, en algún momento la creación de este tipo de sociedades dejó de hacerse por motivos económicamente válidos y razonables (abaratar el acceso al crédito, transferir riesgos, etc ..) y comenzó a hacerse sólo porque conseguían alterar los estados contables de ENRON manteniendo grandes cantidades de endeudamiento fuera de balance (”off-balance”) a la vez que se generaban ingresos y flujos de caja con la venta a estas SPE´s de activos e inversiones que no eran rentables y que de otra forma no hubieran podido vender, al menos no generando beneficios, lo que permitía que la cotización de las acciones de ENRON creciese casi a dos dígitos durante una década ya que los analistas veían en sus estados financieros muy poca deuda y grandes beneficios.

La normativa contable permitía a ENRON excluir estas SEP´s de sus estados financieros consolidados si una parte independiente tenía control sobre ella y era dueña de, al menos, un 3% de su capital. Para cumplir con estas condiciones Fastow y otros directivos solicitaron y obtuvieron del consejo de administración de ENRON una aprobación para ser exceptuado del Código de Ética de la compañía, ya que iban a realizar labores de dirección en estas sociedades, lo cual se consideraba que podía genera un conflicto al ser también directivos en la propia ENRON.

A continuación aportaron dinero suficiente para cubrir el requerido porcentaje del 3%. El resto del capital, el 97%, se cubría con acciones de la propia ENRON. Por último, las entidades de propósito especial solicitaban a los bancos enormes sumas de dinero que utilizaban para la financiación de los contratos futuros de hidrocarburos a los que Fastow se refiere utilizando como garantía las citadas acciones que tenían de ENRON que, como decimos, gozaban de una excelente valoración en el mercado bursátil ya que sus estados financieros proyectaban, sobre el papel, una imagen solvente.

Con una mentira puede irse muy lejos, pero sin esperanza de volver

En la segunda mitad del año 2001 la revista Fortune publicó un artículo donde ponía de manifiesto la “impenetrabilidad” de los estados financieros de ENRON y sugería la sobrevaloración de sus acciones. Y ya sabemos que el dinero es sobre todo cobarde, de manera que su cotización comenzó a bajar desde su valoración récord de casi 90 USD por acción lo que significó, a la postre, el comienzo del desastre puesto que si esas acciones bajaban lo suficiente como para no ser garantía suficiente del endeudamiento de las SPE´s, se dispararían las reglas que obligarían a disolver estas entidades e incluir su endeudamiento y su activos sobrevalorados en los estados  consolidados de ENRON. O lo que es lo mismo, la madre de todos los desastres financieros.

Cuando las acciones de ENRON llegaron a los 47 USD por acción, su director ejecutivo Jeffrey Skilling dimitió por “razones personales”. Su presidente Kenneth Lay siguió al frente de la compañía un tiempo tratando de convencer al mercado de que invertir en la compañía “nunca había sido tan seguro” mientras que contables,  auditores y abogados trataban de encontrar una solución a una situación que ellos mismos habían consentido.

El final de la historia es conocido: finalmente ENRON anunció que tendría que hacerse cargo de casi 4.000 millones USD de deuda que había sido ubicada fuera de balance en dichas SPE´s lo que inmediatamente provocó el deterioro de credibilidad ante el mercado, perdiendo casi 35.000 millones de USD de cotización en un mes. En diciembre de 2001 se convirtió en la mayor empresa norteamericana en declararse en quiebra.

Las consecuencias fueron devastadoras incluso vistas hoy, quince años después. Los accionistas perdieron 74.000 millones USD en los cuatro años anteriores a la quiebra,  20.000 empleados perdieron su trabajo y sus fondos de pensiones. A la icónica firma auditora – Arthur Andersen -, aunque inicialmente fue encontrada culpable de los delitos de obstrucción a la justicia y de destrucción y alteración de documentos relacionados con la quiebra de ENRON, la multa económica no fue relevante (500.000 USD) pero se le privó de la posibilidad de poder realizar su trabajo para firmas cotizadas en la bolsa de valores de los Estados Unidos, lo que en la practica certificó su desaparición. Finalmente, en mayo de 2005, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos absolvió a la empresa auditora, pero ya era tarde para recuperar su prestigio y fue incapaz de retomar su actividad.

¿Hemos mejorado?

Seguro que sí. Como resultado del escándalo financiero que provocó la quiebra de ENRON, el Senado de los Estados Unidos aprobó la Ley Sarbanes – Oxley que, entre otras cuestiones, imponía restricciones a las firmas de auditoría a la hora de prestar según qué tipo de servicios a empresas cuando, además, fuesen auditores (circunstancia que se daba en la relación ENRON y Arthur Andersen) y por otro lado se ampliaba la información que era necesaria dar en las cuentas anuales consolidadas en relación con las entidades no incluidas dentro de la consolidación.

A las empresas normalmente les suele gustar más la flexibilidad que les proporcionan las fuentes de financiación que no aparecen en el balance puesto que mejoran sus ratios financieros aunque cada vez mas se le pone cerco a este tipo de situaciones. Recientemente, el Consejo de Normas Internacionales de Contabilidad (IASB) informaba sobre el nuevo documento de Arrendamientos Standard (IFRS 16) en el que ponía de manifiesto los problemas que ha tenido para aplicar la nueva Norma de Información Financiera (NIIF) sobre arrendamientos que finalmente se ha aprobado. Este cambio normativo va a provocar que tengan que reconocerse en el balance los denominados pasivos “off-balance” y que hasta ahora eran tan sólo objeto de información en la memoria, lo que va a suponer un duro golpe a los estados financieros de las entidades cotizadas.

¿Seguirá exigiendo el fraude financiero?

Lamentablemente la respuesta también es afirmativa. El último fraude contable de importancia significativa ha sido el de la multinacional japonesa TOSHIBA, que entre los años 2007 y 2014 adulteró sus estados financieros manipulando las cifras de inventario.

Sólo es necesario juntar tres ingredientes para que las personas – que son las que cometen el fraude – se vean incentivadas a cometerlo: i) motivación (incentivo, presión); ii) poder (oportunidad) y iii) racionalización (actitud), de manera que podremos implementar medidas preventivas, herramientas para su detección, pero hasta que las empresas – y sus personas – no entiendan su propósito más allá de sus beneficios, cada cierto tiempo tendremos en los periódicos portadas sobre otras Enron, Toshiba, Parmalat, Lehman Brothers, WorldCom ….

Finalmente, si os interesa la historia de ENRON, este tal vez sea el mejor documental sobre su caída. Además está doblado al castellano: Los tipos que estafaron a América.

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Auditor de cuentas y economista forense. Dame una hipótesis que me guste y encontraré un estudio que la valide. Tengo números en la cabeza y sé como usarlos.

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