La reforma de la contabilidad de los arrendamientos: adiós a los pasivos fuera de balance (y a las conjeturas de su cálculo)

La reforma de la contabilidad de los arrendamientos: adiós a los pasivos fuera de balance (y a las conjeturas de su cálculo)

Arrendamientos niif16

En enero del año 2016 el organismo encargado de emitir la normativa contable internacional, el International Accounting Standards Board -IASB-, aprobó finalmente y no sin una fuerte oposición la norma que próximamente, a partir del año 2019, regulará la contabilidad de los contratos de arrendamientos, la NIIF 16. Y esto lejos sólo de afectar a aquellas entidades que de manera obligatoria aplican normas internacionales de contabilidad, terminará aplicándose a todas puesto que las normas contables españolas (Plan General de Contabilidad, Circulares del Banco de España o CMNV …) se vienen adaptando a lo establecido en la normativa internacional, por lo que es más que probable que pronto tengamos que cambiar la forma en que entendemos y registramos los contratos de arrendamiento en nuestra contabilidad, previa modificación de nuestra normativa interna.

La reforma de la contabilidad de los contratos de arrendamiento es algo que llevaba planteándose desde hace muchos años tanto desde el IASB como desde el organismo emisor de normas contables en los Estados Unidos, el Financial Accounting Standard Board -FASB-, dada la preocupación con que veían la cada vez más grande cantidad de compromisos de pago existentes fuera de balance y las “conjeturas con relación al cálculo de las mismas, a menudos sustanciales”, y al hecho de que esta deuda no se percibe de igual forma por los usuarios de la información financiera que aquella que sí se incluye en el balance, lo que a veces ha servido como coartada de sonados escándalos financieros como comentábamos en esta otra entrada del blog.

Tal y como informaba el diario Expansión aquí, la reforma se ha encontrado con la oposición tanto de empresas como incluso de algunos gobiernos ya que, entre otros efectos, provocará un empeoramiento generalizado de los ratios de endeudamiento y rentabilidad como veremos ahora.

Fin al modelo dual

Actualmente, tanto en la norma contable internacional (NIC 17) como en la normativa española (NRV 8º del PGC) y, desde el punto de vista del arrendatario, distinguimos entre arrendamientos financieros y arrendamientos operativos. En los arrendamientos financieros la contabilidad, haciendo prevalecer el fondo sobre la forma, sigue la esencia económica de la operación, tratándolos como una compra financiada, a pesar de que la titularidad jurídica del activo no sea del arrendatario, reconociéndose en el balance el bien arrendado como un activo y el préstamo por el valor actual de los pagos futuros del arrendamiento como un pasivo. Y fuera de este supuesto, el resto de arrendamientos se consideran operativos, registrándose por el arrendatario exclusivamente un gasto por alquiler y, fuera de balance, en la memoria de las cuentas anuales los compromisos de pago vinculados al mismo.

Pues bien, con la reforma establecida por la NIIF 16 para que un contrato sea de arrendamiento (y no de servicios) debe dar derecho a controlar el uso de un activo identificado, esto es, tiene que dar derecho tanto a obtener sustancialmente todos los beneficios económicos del activo identificado como a dirigir su uso durante un periodo de tiempo a cambio de una contraprestación. Y verificadas esas condiciones todos los arrendamientos tendrán su reconocimiento en balance, salvo dos excepciones: arrendamientos a corto plazo (generalmente menos de un año) o arrendamientos de bienes de escaso valor. Las empresas deberán reconocer en su activo el derecho de uso del activo arrendado y en el pasivo la obligación de pago de las cuotas futuras comprometidas.

El pasivo será reconocido inicialmente por el valor actual de los pagos futuros del arrendamiento, descontados al tipo de interés implícito del arrendamiento, es decir, aquel que iguala el valor actual de los pagos del arrendamiento más su valor residual al valor razonable del activo arrendado más cualquier coste directo inicial del arrendador y sin incluir los pagos que sean variables y no dependan de un índice. Y posteriormente como cualquier pasivo financiero con ciertas particularidades de la propia NIIF 16.

Por otro lado, el activo se valora inicialmente por el importe inicial del pasivo más cualquier pago realizado antes o el día de inicio del arrendamiento, otros costes directos en que incurra el arrendatario y la estimación de costes de desmantelamiento y retiro del activo. Posteriormente su amortización es generalmente de forma lineal o mediante un sistema que refleje mejor su patrón de consumo.

Efectos de la nueva norma

El efecto más evidente de la nueva normativa es el aumento de los activos y pasivos de los balances de las empresas, en algunos casos de manera enormemente significativa. Pensemos en empresas de sectores como el transporte aéreo o ferroviario cuyos activos operativos se encuentran normalmente arrendados, el de las telecomunicaciones cuya redes también se encuentran alquiladas, el de la hostelería cuyo funcionamiento muchas veces implica el arrendamiento de inmuebles para hoteles e incluso el de retail, por el alquiler de locales para tiendas. El IASB estimaba cuando emitió la nueva norma que las empresas cotizadas que utilizaban NIIF o US-GAAP tenían compromisos de pago futuros por arrendamientos fuera de balance por importe de tres billones de dólares. Por su parte, en el ya citado artículo de Expansión se estimaba en 40.000 millones de euros el valor de los compromisos futuros por arrendamientos que pasarían a integrarse en los balances únicamente en las empresas del IBEX 35. Si como es previsible, dicha normativa pasa a ser asumida por nuestra normativa nacional, las cifras serán mucho mayores.

Desde el punto de vista del análisis de los estados financieros el efecto derivado del aumento de los activo y pasivos será el deterioro de los ratios que miden el nivel de apalancamiento de las empresas, fundamentalmente el ratio Deuda/Recursos Propios, en la medida en que hasta ahora, como es muy habitual (y erróneo), no se estén teniendo en cuenta los pagos futuros comprometidos desglosados en la memoria. Igualmente también podrán verse deteriorados los ratios que miden la rentabilidad de la empresas, como el ROA (Return on Assets) que mide la rentabilidad obtenida de los activos dividendo el resultado del ejercicio entre el nivel medio de activos mantenidos para su obtención. Y es que para el mismo nivel de beneficios, con la nueva norma el importe de los activos será superior, por lo que deberemos adaptarnos a nuevas métricas para la evaluación de empresas mediante ratios.

Y como consecuencia de lo anterior, es probable que las decisiones económicas de las empresas pasen por acortar los plazos comprometidos por el arrendamiento para, de esta forma reconocer un pasivo menor y que, a su vez, se incluyan como contraprestación más cantidades variables, ya que estos no se tienen en cuenta para el cálculo inicial del activo/pasivo.

En resumen, no es inmediato pero debemos empezar a comprender la nueva norma y evaluar sus efectos sobre los contratos de arrendamientos vigentes y tomar las decisiones más adecuadas en relación con los futuros.

@ Javier López Gonzálvez

@ Sinderiza

Foto: Foto-Rabe para www.pixabay.com

Auditor de cuentas y economista forense. Dame una hipótesis que me guste y encontraré un estudio que la valide. Tengo números en la cabeza y sé como usarlos.

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